Horario de apertura: martes a sábado de 10 a 19 h. Domingos de 10 a 15 h.

Plaza de don Gome, 2

14001 Córdoba ESPAÑA

La exhibición de poder

La exhibición de poder y del estatus familiar se refleja en la antigua entrada principal a la casa, que se hacía por el Salón del Mosaico. El nombre se debe al mosaico romano incrustado en el suelo: una obra del siglo IV que apareció en Palacio de Moratalla (Posadas, Córdoba), propiedad de la familia. Y que mandó traer e instalar en 1923 el segundo marqués de Viana.

Sobre el mosaico, llama la atención la bóveda encamonada (sin función constructiva) y una gran lámpara votiva. En uno de los muros destaca la pintura sobre cuero de ‘Cleopatra en las exequias de Marco Antonio’, del siglo XVII.

En la antesala al salón se encuentra la Sala de Firmas, donde se guarda el libro con las rúbricas de visitantes ilustres. En su decoración destaca una segunda bóveda encamonada, con una cenefa pintada de festones y óvalos con alegorías de Europa, Asia, África y América.

A la izquierda está la Sala de las Vitrinas, que protegen parte de una vajilla de la Compañía de Indias del siglo XVIII. Se trata de un regalo del rey Alfonso XIII al segundo marqués de Viana, que era sumiller de Corps de la Real Casa.

La visita a la zona institucional se completa con el Salón de Tobías, que era el comedor principal de la casa. Éste mira al exterior a través de tres ventanales que dan al Patio de las Rejas, abierto a la calle, lo que permitía mostrar el prestigio económico y social de la familia.

En este espacio destacan ocho pinturas murales anónimas del siglo XVIII y restauradas en el XIX que narran el viaje del joven Tobías junto al Arcángel San Rafael, custodio de Córdoba. El siglo XVIII fue un período de auge en la devoción a San Rafael, por el que la marquesa de Villaseca, Ana Rafaela Fernández de Mesa, sentía fervor. Por eso decidió dedicarle esta estancia en el palacio.

¿Sabías qué...?

El segundo marqués de Viana quería colocar unas cartelas explicativas sobre las pinturas murales del Salón de Tobías. Aunque al final no se realizaron, en 1920 encargó un proyecto con presupuesto incluido de 50 pesetas cada una (0,30 euros), sobre el que indicó: “Deseo que sean de la mitad de tamaño proyectado, y por lo tanto que el precio sea también la mitad”.