La exhibición
del poder

El estatus económico de la familia que habitaba el palacio era el de la nobleza señorial. Se trata de una nobleza, próxima a los círculos de poder, que todavía conserva un cierto lujo exterior en comparación con el resto de su clase, en claro retroceso frente al empuje de la nueva clase de la burguesía del dinero. Viana es, por tanto, un palacio aristocrático y, como tal, un símbolo de poder de sus propietarios, que destinaban, siguiendo las pautas al uso, una amplia zona de respeto en planta baja.

La entrada principal a la casa se hace por el llamado SALÓN DEL MOSAICO, que toma el nombre del mosaico romano del siglo IV, aparecido en los Llanos del Roldán –Palacio de Moratalla (Posadas)- mandado traer por el II marqués de Viana, D. José Saavedra y Salamanca en 1923 y siendo instalado en esta sala, como indica la inscripción que bordea el mosaico.

 

En el centro de su bóveda encamonada, con molduras y rocallas, una gran lámpara votiva con barandilla. Flanquean interiormente la puerta, dos columnas de basas califales, con capiteles romano y visigodo, exponentes de la riqueza arqueológica cordobesa.

Destaca en uno de sus paramentos la pintura sobre cuero que representa a “Cleopatra en las exequias de Marco Antonio”, datada en el siglo XVII.

Tras la entrada principal, nos encontramos con la SALA DE FIRMAS. Desde tiempo inmemorial, se encuentra sobre la mesa el libro de firmas de visitantes ilustres.

 

Destacan en la decoración de esta sala su bóveda encamonada que acoge una cenefa pintada de festones y óvalos con alegorías de Europa, Asia, África y América, así como los 6 óleos sobre cobre de escuela flamenca, obra de Hieronymus Francken III. La lámpara de bronce calado de tipo holandés, del siglo XIX es similar al resto de lámparas de la planta baja del Palacio.

A la derecha de esta sala se puede observar la conocida como SALA DE LAS VITRINAS. Sus vitrinas y armario barroco-rococó, muestran parte de una vajilla de la Compañía de Indias, del siglo XVIII, regalo de S.M. D. Alfonso XIII al II marqués de Viana, sumiller de Corps de la Real Casa entre otros cargos. Sobre su pavimento, una alfombra persa.

 

A la izquierda de la Sala de Firmas nos encontramos el comedor principal de la casa, también conocido como SALÓN DE TOBÍAS. Sus pinturas murales, anónimas del s. XVIII y restauradas en el XIX por León Abadía, quién añadió las guirnaldas y las cariátides, narran escenas de la historia de Tobías.

 

En el centro una mesa conventual de finales del siglo XVII, con el tablero de una sola pieza de madera de roble. Sobre ella porcelana oriental de la Compañía de Indias del siglo XVIII con decoración Imari. Sillería de estilo barroco portugués en cuero repujado.

El poder de la nobleza se refleja a través de este salón con el eje que se crea entre el patio del Archivo y el patio de las Rejas, este último de principios del siglo XVII, y el único que mira hacia fuera a través de sus 3 ventanales. Así, se podía apreciar desde el exterior el prestigio económico y social adquirido por la familia.

Ubicada en el patio de la capilla, nos encontramos la GALERÍA DE LOS SAAVEDRA, que recibe el nombre de los seis cuadros de la familia de los Saavedra que se presentan sobre su paramento mayor.

A destacar la colección de espadas y sables del siglo XIX, así como la cabeza de mármol blanco de emperador romano de mediados del siglo II.

En ese mismo patio, se encuentra la CAPILLA, que fue trasladada por la III marquesa de Viana, Doña Sofía Amelia de Lancaster, a lo que actualmente es la Recepción. Reubicada hoy en su lugar original, es de pequeñas proporciones. Su retablo decimonónico acoge una pintura de una Dolorosa y una talla de un Cristo de la Humildad.

En la zona nordeste del patio de Recibo se encuentra la puerta que da acceso a la planta alta del Palacio. Éste se hace a través de la ESCALERA PRINCIPAL, una escalera renacentista, de finales del siglo XVI. En el muro de separación de los dos tramos que componen la escalera, una cartela enmarcando las armas de los Córdoba y Figueroa. La techumbre, de la misma época, es de lacería mudéjar, destacando la vistosa piña de mocárabes de la que pende el farol.

 

El ambiente de este siglo se conserva principalmente en los artesonados o techumbres, así como en gran parte del mobiliario y tapices.